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Sobre periodismo, ética y éxito

El periodismo está atravesando una etapa llena de retos. Nuevas formas de comunicación, nuevos métodos, nuevos medios y nuevos mensajes. Sin embargo, hay quienes opinan que la ética y el éxito son inversamente proporcionales. ¿Es una realidad?


La pasada semana te contaba mi descontento por la fórmula utilizada por los medios ante la tragedia de Manchester. Las noticias de calado social y político se suceden y, como dicen muchos de los grandes profesionales de este país, el periodismo es más necesario que nunca. Estoy completamente de acuerdo en el fondo, pero quizás no en la forma.

La industrialización de un derecho fundamental como el de la información conduce a ciertas situaciones que no deberían tener cabida: noticias manipuladas, dar opinión como información, omitir parte de la realidad, contar la historia desde el punto de vista más acorde con lo que le interesa a tu medio... y así un sinfín de circunstancias a las que los periodistas deben enfrentarse.

Sin renunciar a mi firme convencimiento de que todavía merece la pena ser periodista, sí es cierto que hay ciertas cuestiones indefendibles. Me molesta quienes, por sistema, odian esta profesión desencantados con quienes hacen este trabajo o, quizás, con todo lo que hay montado a su alrededor. Hay que ser crítico, pero también hay que buscar el equilibrio como usuario y como profesional. Un equilibrio entre la ética y el éxito.

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Ética

Recuerdo todavía una asignatura de la Licenciatura en Periodismo: Opinión Pública. Qué difícil fue aprobarla y qué difícil es saber cómo moverse en esa fina línea en la que el periodista debe ponerse al servicio de esta. En la que debe ser su transmisor, pero también su receptor. Hay unos principios básicos incuestionables, pero también hay un cúmulo de detalles que rodean cada pieza informativa o cada artículo de opinión.

Está claro que en el periodismo político debe haber y hay un amor/odio constante, en el periodismo deportivo, una guerra silenciosa a veces incomprensible, en el periodismo social tendría que haber mucho de denuncia, mucho de cercanía y poca ambigüedad... y en el periodismo del corazón, ¿qué debería haber? Ahí ya me hago un lío.

Quizás la teoría está clara, pero sé como profesional que, la práctica, no es tan sencilla. Tan solo queda la voluntad de hacerlo lo mejor posible dentro de unos límites, que los hay. Intentar cruzarlos cuando sea necesario, a pesar de que las manos y los pies estén atados con bridas. Quizás es el motivo de que muchos hayan optado por poner sus propios límites siendo blogueros. Por eso, y porque el trabajo escasea. Todo sea dicho.

Éxito

¿Realmente el éxito está al otro lado de la ética? Quiero pensar que no. De hecho, muchos profesionales demuestran con su buen hacer que pueden tener cogidos de las manos a ambos, ética y éxito. Uno a cada lado tirando fuerte. Pero, si te mantienes firme te ayudarán a llevar el camino recto. Al menos, así lo veo yo.

Pero, ¿cómo triunfar en la profesión? Eso ya es más complicado. Es un camino lleno de piedras (y de gente que te las lanza). Sin embargo, puedes sentirte satisfecho con lo que haces. No necesitas ser periodista de guerra o tratar temas de Estado. Incluso contando lo que tú consideras irrelevante, probablemente estés aportando tu granito de arena. De ahí la importancia de encontrar el equilibrio del que te hablaba antes.

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Espectadores, lectores, oyentes... al mando

Como ciudadanos también hay que intentar poner en una balanza todo esto. No sirve de nada denunciar en público "lo malos que son los medios", mientras consumo vorazmente en privado todos esos contenidos. Si me parecen bien, a muerte con ello. Si me parecen mal, renuncia a su existencia. Esas idas y venidas, esa cierta hipocresía, hace mucho daño.

Y no estoy hablando precisamente de programas o lecturas catalogadas de entretenimiento, que ya sé lo que estás pensando. Ahí no hay conflicto porque no es periodismo, son shows. Estoy hablando de los que se posicionan como productos informativos cuando no son más que una sucesión de despropósitos. Con esos es con los que hay que ser firme.

Queda mucho trabajo por hacer desde ambos extremos. Desde un lado y otro de la pantalla, de las ondas, de las hojas de los diarios, que cada vez se pasan menos. Pero volviendo al principio diré que en momentos como los que vivimos esta profesión es muy necesaria. Imprescindible diría yo. Convirtámosla de nuevo en algo de lo que estar orgullosos. Está en nuestras manos. ¿O no?

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