cartel tarde para la ira

Que Dios nos perdone, Tarde para la ira, El hombre de las mil caras y cómo el cine español da un golpe sobre la mesa

El cine español ya no es lo que era. ¿Dónde están esas películas plagadas de escenas de sexo que nada tienen que ver con la trama? ¿Dónde esos guiones que no conducen a ninguna parte? ¿Dónde esa imagen poco cuidada? Estamos perdidos. Creo que ya no hay vuelta atrás.


De unos años a esta parte, los directores españoles han decidido poner tierra de por medio con estos tópicos y lanzarse a otro tipo de cine, al de calidad. Es curioso que coincida con una etapa en la que las subvenciones han decrecido notablemente. No sé cómo, pero con menos están haciendo más.

Un ejemplo claro lo tenemos este año con tres películas que se han lanzado en un corto intervalo de tiempo y que satisfacen, sin duda, las expectativas. 'Que Dios nos perdone', 'Tarde para la ira' y 'El hombre de las mil caras' son un golpe sobre la mesa y una forma de demostrar que el cine español está atravesando un gran momento. Además, una de ellas es la ópera prima de un director madrileño al que siempre hemos visto delante de la pantalla, Raúl Arévalo. ¿Esto es lo primero que nos traes? Esto sí que es una declaración de intenciones, y no la mía. Aquí tienes a una fan incondicional.

fotograma Que Dios nos perdone

Que Dios nos perdone

Quien firmara 'Grupo 7' o 'La isla mínima' también contaba con todos mis respetos ante su nueva propuesta y él, muy cumplidor, no ha defraudado. 'El hombre de las mil caras' es una buena historia, real, como suelen ser las más inverosímiles, bien contada y con muy buenos actores. Algo que también encontramos en 'Que Dios nos perdone'. Antonio de la Torre es de otro mundo, pero Roberto Álamo deja claro que el papel estaba hecho para él.

Y no quiero decir con esto que hasta ahora no se hubieran hecho películas buenas en España, nada más lejos de la realidad. Solo hay que echar la vista atrás un año para encontrar joyitas como 'La Novia' o 'A cambio de nada', o haciendo ejercicio de memoria, 'Mientras duermes', 'También la lluvia', 'Camino', 'Celda 211'… y, por supuesto, rindiendo pleitesía a los grandes clásicos de nuestra filmogragía.

Grandes títulos, grandes actores, grandes directores… contando grandes historias. Pero tan solo unos años atrás era más complicado encontrar una película nueva, buena y española. Y cuando digo buena, lo digo en el más amplio sentido de la palabra, y en cine el sentido es muy amplio. Ahora, sin embargo, cuando te enfrentas a un largometraje hecho en nuestro país esperas más y, lo mejor, es que sueles recibirlo. Casi siempre.

¿Defraudados por los grandes directores?

Casi siempre porque justamente, en mi humilde opinión, de quien más esperamos es de quien menos recibimos. Platillos y timbales para anunciar a J. A. Bayona, Alejandro Amenábar… pero me dejan tan fría como estas tardes de otoño a la intemperie. Pero no quiero tener este mal sabor de boca porque el responsable de 'Tesis' o 'Mar adentro' no merece otra cosa más que mi reconocimiento. Solo pido una cosa. Vuelve, por favor.

Llegará un día en el que el cine español ocupe el lugar que se merece y poco a poco se despedirá de tópicos y etiquetas que, a día de hoy, poco tienen que ver con la realidad. Dirá adiós a ese recelo de muchos a ir a ver una cinta made in Spain. Dejará a un lado la sorpresa acompañada de esa frase de “está muy bien para ser española”. Supongo que aún falta tiempo para eso, quizás el año que se estrene Torrente 10. O mejor. Cuando ya no se estrene Torrente. 

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