Periodismo y politica, john-mark-kuznietsov

Periodismo y política, ¿amor/odio necesario?

Dicen que un buen periodista es ese que logra ganarse la confianza de quien tiene delante, pero también quien le hace sentirse incómodo poco después. Esta situación se ejemplifica perfectamente cuando son políticos los que están al otro lado. ¿El amor/odio entre ambos es necesario?


En periodismo y política hemos visto de todo. La realidad es que un sector sin el otro no sería posible, pero parece que, sobre todo los últimos, los que gobiernan, creen que tienen la sartén por el mango y se sienten con la potestad de imponer sus condiciones.

Son muchas las veces que hemos visto cómo ciertos políticos, de toda índole, en un alarde de prepotencia y cinismo, han querido lanzar su mensaje a través de los medios sin someterse a las preguntas de los profesionales allí presentes.

Llegar. Contar tu historia. Marcharte. O peor aún. Hacerlo a través de un plasma. Sea como sea, eso es algo que no puede consentirse porque llegará un día en el que los periodistas sean meros portavoces de lo que los partidos o gobiernos quieren decir. Más aún de lo que ya lo son sin quererlo.

Se perderá el escaso espíritu crítico que aún conservan algunos supervivientes. Algunos de esos que todavía dignifican la profesión y son capaces de alzar su voz para contar la realidad (al menos la suya). De esos por los que quedan razones para pensar que merece la pena ser periodista.

¿Qué es un periodista sin preguntas?

Las respuestas podrían ser: es como un mar sin agua, un bosque sin árboles o un fuego que no arde. No es nada. No tiene sentido. Y si en España tímidamente ocurre esto (aún se puede intervenir en ruedas de prensa), el mayor descaro (del mundo civilizado y democrático) lo vivimos con las declaraciones de Trump negándole la palabra a un periodista de la CNN porque su medio publicaba "noticias falsas" según él.

Es una más de las suyas. Una más de ese señor al que las circunstancias, la situación y la debilidad de sus rivales ha llevado a la Casa Blanca. Una más de la retahíla de desprecios que está lanzando a diestro y siniestro desde que ha llegado al poder.

Vicente Vallés, que acaba de lanzar un libro sobre este personaje, asegura que no terminará con la libertad de prensa porque en EEUU tienen unos medios muy potentes y una cultura, en este sentido, muy profunda. Sin embargo, la realidad es que ya ha dejado su primer recado. Y estoy segura de que no será el último. ¿Disfruten lo votado? No. Suframos todos lo que habéis elegido. Porque su cruzada contra los medios solo ha sido la primera de las guerras que ha abierto en pocas semanas en el despacho Oval.

¿Periodistas sin políticos o políticos sin periodistas?

Imposible. Cualquier informativo en televisión se nutre, en buena medida, de totales de políticos perfectamente preparados y pensados por un departamento conformado por otros periodistas que saben lo que deben decir y cómo. Es una maquinaria demoledora en la que todos, al final, acabamos entrando.

Son muy pocas las ocasiones en las que hay canutazos o preguntas a contrapié. Todo está medido. Los nuevos políticos de todos los partidos son los que más rompen (a veces) esta situación. Pero al final entrarán en el engranaje que aprieta como un corsé.

La radio, la prensa o los programas políticos televisivos dan más cabida a la profundidad en las informaciones. Las tertulias, las entrevistas o los reportajes extensos permiten ahondar más en los mensajes. Los periodistas pueden hacer su función: preguntar para contar historias. Los políticos la suya: someterse a los interrogantes de los ciudadanos que tienen su voz en los profesionales. Todo partiendo de la base de que no haya sesgos. 

Y es que al final, periodismo y política deben vivir unidos, pero separados. Juntos pero no revueltos. Cerca, pero no demasiado. Siempre manteniendo las distancias. Ni siquiera deben llegar a tener derecho a roce. Tienen que dejar que cada uno haga su trabajo sin crucificar al otro. Sin odiarlo. Sin pensar que está ahí para complicar tu vida. Porque lo que ambas partes deben entender es que no son enemigos irreconciliables. Solo son dos viejos conocidos que se aman y se odian a partes iguales. Porque la línea es muy fina y es mejor no cruzarla ni a un lado ni al otro. Hay que mantenerse en medio.

Publicado en Comunicación, Periodista en paro y etiquetado , , , , , , , .