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El Bar: Álex de la Iglesia, esta vez sí

El Bar ya está en las carteleras y ha llegado pisando fuerte. Los espectadores estaban deseando que Álex de la Iglesia estrenara su nueva cinta y esta vez, al menos a mí, no me ha defraudado. Esta vez sí merece la pena. Y lo hace de principio a fin.


Álex de la Iglesia forma parte de ese pequeño círculo de directores que, para quien escribe, reúne a varios genios que me han decepcionado en ocasiones, pero que siempre cuentan con mi deseo de verles de nuevo en acción. Y esa cita ha llegado este fin de semana a la cartelera, ha vuelto con El Bar. Al director bilbaíno se le critica mucho su falta de capacidad de cerrar una película sin que los giros y la locura de los personajes sea tan grande que todo pierda el sentido.

En mi opinión, le ha ocurrido en alguna de sus últimas cintas como Las Brujas de Zugarramurdi o Balada triste de trompeta. Inicios brutales (los créditos de esta última son de los mejores que he visto nunca en el cine), y finales que te hacen querer salir rápido de la sala porque ya no comprendes nada. Cuando fui al cine este fin de semana, esperaba una nueva película así. Mucho al principio y poco o nada al final. Pero me esperaba algo muy distinto esta vez.

Buen principio y buen final

Salí del cine con una sonrisa y un "a este hombre se le va la olla, pero me encanta". El Bar es muy Álex de la Iglesia. Tiene mucho de su alma. Personajes caricaturizados, llevados al máximo y muy bien interpretados, que se echan a la espalda un guión de esos que, en una primera lectura, probablemente te dejen con la boca abierta. No porque sea una reinvención del cine, sino porque todo es un cúmulo de circunstancias alocadas que desembocan en acciones aún más perturbadas.

Reparto muy bien elegido

Todos los actores de El Bar están escogidos a la perfección. Cada uno con su estilo, logran formar un grupo muy heterogéneo en un bar de esos castizos de Madrid. Sin entrar en mucho detalle, porque esto no va de hacer spoilers, mostraré una vez más mi admiración por Mario Casas, que deja claro, una vez más, que es algo más allá que una cara bonita, y Carmen Machi, perfecta para el rol.

Jaime Ordóñez y Secun de la Rosa dan momentos con los que es imposible no reír y Blanca Suárez, perfecta en su papel de niña pija, y aunque creo que no era necesario, se convierte en un reclamo el hecho de que pase más de media película en sujetador. Demasiado fácil tirar de esto.

Al salir de la sala oí de todo y al leer críticas de expertos también he encontrado diversidad de opiniones. Y es que, si no eres demasiado admirador de su cine, quizás no disfrutes con pequeños detalles, con planos que demuestran calidad, como la secuencia inicial.

Con miradas que dicen mucho. Con la capacidad de reírse de todo, hasta de la muerte. Con esos destellos que hacen de Álex de la Iglesia uno de los grandes directores de nuestro país. Y que suma su cinta a la lista de películas españolas que merece la pena ver este año.

Así que si tú no eres muy de su cine, probablemente seas de los que refunfuñen y se enfaden tras leer esta recomendación porque a ti no te ha gustado nada la película. Y si no la has visto, no te gustará. Es esencia pura de Álex de la Iglesia exprimida en 100 minutos de desequilibrio. Así que, lo siento, porque esta vez sí. Esta vez a mí me ha merecido la pena pasar el rato en "este bar".

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